Bio
ES | TEJER LO INAPRENSIBLE. Mikel Lertxundi Galiana. Catálogo de la exposición PLIEGUE, San Telmo Museoa
Hace   bastantes   décadas   que   la   escultura   renegó   del   pedestal   para   convertirse   en   un   objeto   que   se   presentase   con   libertad   absoluta   en   su   relación   con   el espacio.   También   h ace mucho que desertó de su intención narrativa para desvelar otros mundos que abordasen lo mental o lo sensorial. Xare   Álvarez
Berakoetxea   se   sirve   de   esa   doble   autonomía   para   hacer   comparecer   su   obra   desde   el   suelo,   el   muro   y   el   techo   —abandonada,   apoyada,   reptante,
suspendida— y desplegar un universo de conceptos alusivos a lo orgánico mediante un lenguaje abstracto. Su propia metodología de trabajo recoge la organicidad del proceso, en el que, a modo de estratos, se suceden la reunión de los materiales, su modificación y la final propuesta de una lectura de conjunto. La experimentación es decisiva en todas las fases, aunque particularmente en las iniciales, que precisan de una laboriosa investigación sobre qué elementos se van a adaptar de forma idónea a sus propósitos y cómo lo harán conforme a su potencial de transformación. A lo largo de su carrera ha explorado siempre las propiedades de la materia, organizadas en un espectro que va de lo artesanal a lo industrial en su manufactura, y de lo maleable a lo rígido en su consistencia: papeles, tejidos, cuerdas, madera, yeso, hormigón, aluminio, bronce. No obstante, a menudo sus objetivos no están definidos de antemano, y la evolución de los componentes es el resultado de un encuentro casual. El control y el azar juegan papeles similares en la creación, y de su confluencia se derivan nuevos procedimientos y significados a descubrir. Y es entonces cuando se puede producir la conexión entre lo hallado y el trasfondo personal de la artista; cuando, con la intuición en juego, se propicia el vínculo entre la forma y los intereses, las circunstancias y las experiencias vitales, que en su caso transitan con naturalidad entre el paisaje, el espacio doméstico, el cuerpo o la memoria. La producción de Xare Álvarez se puede sintetizar en lo formal en dos certezas desde las que comprender el fértil repertorio de sugerencias que las generan: la textura y el movimiento se perciben de inmediato, y emanan del concepto de lo orgánico que subyace en su obra actual. Su trabajo ha evolucionado del elemento inerte hacia el vital, aunque, a pesar del tránsito, persisten determinadas constantes. Así, por una parte, la búsqueda de lo táctil es medular en su práctica, incluso desde sus inicios atentos a lo matérico en la pintura y, por supuesto, de su posterior ejercicio de registro, que alumbró conjuntos como 15/32 (2016) y Un Fold (2018). Precisamente, en ellos, a partir del énfasis en las texturas se sugerían otros muchos significados que, en cierto modo, emparentan con el concepto de ruina presente en algunas de las piezas de Pliegue, como aquellas en las que la mordiente del ácido corroe la superficie de aluminio de forma desigual y aleatoria, para revelar estratos íntimos y evocar una piel raída, envejecida. La reflexión sobre el transcurso del tiempo —y el deterioro implícito en él, por tanto—, permanece inalterable en su trabajo, aunque al estar asociada ahora a la vitalidad de las formas plegadas le aporte otra de las habituales contradicciones que potencian sus significados. A su vez, los hallazgos accidentales derivados del proceso contribuyen a otras percepciones, como cuando los restos de la cerámica refractaria sobre la accidentada superficie del aluminio aparecen como una nueva epidermis. Piel reparadora sobre piel ajada. Como frutales encalados en primavera. Por otra parte, las formas llegan como resultado de una idea, pero también de la manipulación a la que somete a la materia. Durante el proceso de elaboración de sus esculturas, Xare trabaja con tejidos y cordeles para tratar de amansar su naturaleza en una dirección o rendirse a su obstinación, acatando o celebrando la contribución a su propia construcción. Por lo tanto, plegados, curvados, roturas, son fundamentales —aunque no lo único— en la conformación de un gesto escultórico encaminado a engendrar diseños sinuosos, ondulados e irregulares, que remiten a lo orgánico. Los juegos de contorsión, contracción y expansión resultantes le sirven para exteriorizar algunas de las dualidades inherentes a su obra, como el exterior/visible contrapuesto al interior/oculto, pero también para destacar una sensualidad formal que, por momentos, roza, incluso, un cierto erotismo. Muchas de las artistas con cuya herencia se identifica atendieron a lo orgánico desde procedimientos y materiales no convencionales, para crear una obra que vive una constante reivindicación. En su momento, desde los márgenes del arte, creadoras como Françoise Grossen, Eva Hesse o Aurelia Muñoz, exploraron las posibilidades expresivas de los tejidos y la cordelería, y hoy, Xare se sirve de ambos para construir sus esculturas, pero trascendiendo su materialidad hacia una configuración perdurable. En esa búsqueda permanente de las oposiciones o contradicciones, altera las propiedades naturales de los materiales —de lo dúctil a lo sólido—, pero haciéndolos todavía reconocibles.
Las   piezas   existen   por   sí   mismas,   respiran   con   autonomía,   pero   gracias   a   los   vínculos   que   surgen   entre   ellas   se   acentúa   la   sugestión   de   la   propuesta. Mediante un elocuente montaje, Xare Álvarez concibe un misterioso ecosistema en el que las obras se interrelacionan a través del movimiento fluctuante que anuncia un organismo vivo. Los trazos de metal colgantes se dibujan en el aire como extremos de un tejido deshilachado. En su construcción se identifican con precisión las cuerdas a partir de las que han sido fundidos en aluminio, en las que l os   nudos   se   persiguen   unos   a   otros,   cayendo   en   espiral.
De   forma   análoga,   los   bastos   tramados   de   los   tejidos   son   el   fundamento   de   las   piezas   que   asisten   desde   los   muros.   La   memoria   térmica   de   sus   fibras perdura   en   un   metal   que   guarda   los   plegados   encontrados   por   la   autora.   Todo   este   juego de curva y contra curva se complementa con la caligrafía blanda y sinuosa que despliega en los textiles y los dibujos, imbuidos de un ritmo de naturaleza acuática que evoca el lento mecer de las algas o, tal vez, un vaivén tentacular. Xare rehúye la evidencia de lo obvio para compartimentar el espacio mediante telas que aporten una dimensión doméstica y obliguen al espectador a descubrirlo. En la intimidad de este ambiente, de un cromatismo reducido, teje una red de interacciones que es imprescindible detectar y experimentar. EUS | HELEZINA EHUNTZEA. Mikel Lertxundi Galiana. MAKURTU erakusketaren katalogoa, San Telmo Museoa Hamarkada dezente pasatu dira eskulturak aldareari uko egin eta objektu beregain bilakatu zenetik, espazioarekiko harremanean erabateko askatasunez agertzeko. Aspaldi alboratu zuen bere asmo narratiboa ere, alderdi mental edo sentsorialak azaleratuko zituzten beste mundu batzuk ezagutarazteko. Autonomia bikoitz horretaz baliatuz, Xare Álvarez Berakoetxeak zorutik, hormatik eta sabaitik agerrarazten du bere obra —botata, bermatuta, herrestan, zintzilik—, eta, hizkuntza abstraktu baten bidez, organikotasunari buruzko kontzeptuen unibertso bat zabaltzen du. Artistaren beraren lan-metodologiak ere prozesuaren organikotasuna biltzen du, zeinean, geruzen moduan, elkarren jarraian ageri baitira materialen elkartzea, eraldatzea eta osoko irakurketa baterako azken proposamena. Esperimentazioa erabakigarria da fase guztietan, baina bereziki hasierakoetan, horietan beharrezkoa baita ikerketa sakon bat egitea erabakitzeko zein osagai egokituko diren ondoen artistaren asmoetara eta nola moldatuko diren beren eraldatze-ahalmenaren arabera. Bere jardunbidean, Xare Álvarezek materiaren propietateen espektro zabal bat esploratu izan du beti, manufakturari dagokionez artisau-eredutik eredu industrialera doana eta sendotasunari dagokionez malgutasunetik zurruntasunera: paperak, ehunak, sokak, egurra, igeltsua, hormigoia, aluminioa, brontzea. Halere, sarri asko, helburuak ez ditu aldez aurretik definitzen, eta osagaien eboluzioa ausazko elkarketa baten ondorioa da. Kontrolak eta zoriak antzeko zereginak betetzen dituzte sorkuntzan, eta, haien bat egitetik, deskubritu beharreko prozedura eta esanahi berriak eratortzen dira. Eta orduantxe gerta daiteke aurkitutakoaren eta artistaren berezkotasun pertsonalaren arteko konexioa: sena jokoan dagoela, bide ematen zaionean formaren eta interesen arteko loturari, inguruabarren eta bizi-esperientzien artekoari, zeinak, kasu honetan, naturaltasunez paseatzen baitira paisaiaren, etxeko espazioaren, gorputzaren edota oroimenaren artean. Xare Álvarezen ekoizpena, formari dagokionez, bi ziurtasunetan laburbil daiteke, zeinetatik posible baita horiek sorrarazten dituzten iradokizunen errepertorio emankorra ulertzea: testura eta mugimendua berehala hautematen dira, eta artistaren egungo obraren azpian dagoen organikotasunaren kontzeptutik eratortzen dira. Haren lanak bilakaera bat izan du osagai bizigabeetatik bizidunetara, nahiz eta, aldaketak gorabehera, zeinbat konstantek berdin iraun duten. Hala, alde batetik, ukimenaren bilaketa funtsezkoa da artistaren praktikan, baita haren hastapenetan ere, zeinetan arreta handia eskaintzen baitzitzaion pinturaren materikotasunari, eta baita, noski, ondorengo erregistro-ariketan ere, zeinak 15/32 (2016) eta Un Fold (2018) multzo artistikoak utzi baitzituen. Hain zuzen ere, obra haietan, testurei emandako garrantzi hartatik abiatuta, beste esanahi ugari iradokitzen ziren, eta esanahi haiek, neurri batean, ahaidetuta daude Makurtu multzoko lan batzuetan ageri den hondatzearen kontzeptuarekin; esate baterako, badira obra batzuk zeinetan azidoaren finkatzaileak modu desberdin eta ausazkoan jaten baitu aluminioaren azalera, estratu intimoak erakusteko eta azal higatu eta zaharkitu bat iradokitzeko. Denboraren joatearen inguruko hausnarketa —eta, ondorioz, haren barruko hondatze inplizituarena—, ez da aldatzen haren lanean, nahiz eta, orain forma tolestuen bizitasunari lotuta dagoenez, esanahiak indartzen dituzten ohizko kontraesan horietako bat eransten duen. Era berean, prozesutik eratorritako ustekabeko aurkikuntzek beste pertzepzio batzuk eragiten dituzte; adibidez, zeramika erregogorraren hondakinak aluminioaren azalera gorabeheratsuaren gainean epidermis berri bat bezala agertzen direnean. Azal suspertzailea azal higatuaren gainean. Udaberrian kareztatutako fruta-arbolak bezala. Bestalde, formak ideia baten emaitza moduan iristen dira, baina baita materiari jasanarazten zaion manipulazioaren ondorio moduan ere. Bere eskulturen lanketa-prozesuan, Xare Álvarezek ehunekin eta kordelekin egiten du lan, haien natura norabide batean menderatzen saiatzeko edota haien egoskorkeriaren aurrean amore emateko, eraikuntzari egiten dioten ekarpena onartuz edo handietsiz. Ondorioz, forma tolestuak, makurtuak, hautsiak, funtsezkoak dira —baina ez bakarrak— organikotasuna iradokitzen duten diseinu okertu, izurtu eta irregularrak sorraraztera bideratutako keinu eskultoriko baten eraketan. Lanketa horren ondoriozko bihurrikatze-, uzkurtze- eta hedatze-jokoek beraren obrari datxezkion dualtasunetako batzuk kanporatzeko balio diote, esaterako kanpokoaren/ikusgaiaren eta barrukoaren/ezkutuaren artekoa, baina baita halako sentsualitate formal bat azpimarratzeko ere, zeinak, zenbaitetan, erotismo-puntu bat ere izaten baitu. Xare Álvarezek eredutzat izan dituen artista askok prozedura eta material ez-konbentzionaletatik heldu zioten organikotasunari, etengabeko erreibindikazio bat bizi duen obra bat sortzeko. Beren garaian, artearen bazterretatik, Françoise Grossen, Eva Hesse, Aurelia Muñoz eta beste zenbait sortzailek ehunen eta kordelen adierazpen-aukerak esploratu zituzten, eta, gaur, Xare Álvarez bi material horiez baliatzen da bere eskulturak eraikitzeko, baina haien materialtasuna gaindituz konfigurazio iraunkor baterantz. Aurkakotasunen edo kontraesanen bilaketa etengabe horretan, aldatu egiten ditu materialen propietate naturalak —harikortasunetik sendotasunera—, baina oraindik ezaguterraz utziz. Artelanak beren kabuz existitzen dira, autonomiaz arnasten dute, baina, haien artean sortzen diren loturei esker, areagotu egiten da proposamenaren ahalmen iradokitzailea. Muntaketa adierazgarri baten bitartez, Xare Álvarezek ekosistema misteriotsu bat eratzen du, zeinean obrak elkarrekin erlazionatzen baitira organismo bizi batek iragartzen duen mugimendu gorabeheratsuaren bidez. Zintzilik jarritako metalezko trazuak oihal zirtzildu baten litsak balira bezala marrazten dira airean. Haien eraikuntzan argi ikus daitezke aluminio urtuaren azpian ezkutatzen diren sokak, zeinetan korapiloak bata bestearen atzetik erortzen baitira kiribilean. Antzeko moduan, ehunen bilbe zakarrak dira hormetatik irteten diren piezen funtsa. Haien zuntzen memoria termikoak bizirik dirau autoreak aurkitutako tolesdurak mantentzen dituen metal batean. Kurbaz eta kontra-kurbaz osatutako joko hau guztia osatzeko, artistak kaligrafia bigun eta bihurgunetsu bat barreiatzen du oihaletan eta marrazkietan, non uretako naturaren erritmo moduko bat nabari baita, algen kulunka geldoa edota, beharbada, garro batzuen harat-honata gogorarazten duena. Xare Álvarezek ihes egiten dio agerikoa denaren begibistakotasunari, eta inguruari etxeko dimentsio bat eransten dioten oihalen bidez banatzen du espazioa, ikuslea espazio hori deskubritzera behartuz. Kromatismo murriztuko giro honen intimitatean, detektatu eta esperimentatu beharreko elkarreragin-sare bat ehuntzen du.
ES | TEJER LO INAPRENSIBLE. Mikel Lertxundi Galiana Catálogo de la exposición PLIEGUE. San Telmo Museoa
Hace    bastantes    décadas    que    la    escultura    renegó    del
pedestal   para   convertirse   en   un   objeto   que   se   presentase
con    libertad    absoluta    en    su    relación    con    el    espacio. También     h ace mucho que desertó de su intención narrativa para desvelar otros mundos que abordasen lo mental o lo sensorial. Xare   Álvarez   Berakoetxea   se   sirve
de   esa   doble   autonomía   para   hacer   comparecer   su   obra
desde     el     suelo,     el     muro     y     el     techo     —abandonada,
apoyada,   reptante,   suspendida—   y   desplegar   un   universo
de   conceptos   alusivos   a   lo   orgánico   mediante   un   lenguaje
abstracto. Su propia metodología de trabajo recoge la organicidad del proceso, en el que, a modo de estratos, se suceden la reunión de los materiales, su modificación y la final propuesta de una lectura de conjunto. La experimentación es decisiva en todas las fases, aunque particularmente en las iniciales, que precisan de una laboriosa investigación sobre qué elementos se van a adaptar de forma idónea a sus propósitos y cómo lo harán conforme a su potencial de transformación. A lo largo de su carrera ha explorado siempre las propiedades de la materia, organizadas en un espectro que va de lo artesanal a lo industrial en su manufactura, y de lo maleable a lo rígido en su consistencia: papeles, tejidos, cuerdas, madera, yeso, hormigón, aluminio, bronce. No obstante, a menudo sus objetivos no están definidos de antemano, y la evolución de los componentes es el resultado de un encuentro casual. El control y el azar juegan papeles similares en la creación, y de su confluencia se derivan nuevos procedimientos y significados a descubrir. Y es entonces cuando se puede producir la conexión entre lo hallado y el trasfondo personal de la artista; cuando, con la intuición en juego, se propicia el vínculo entre la forma y los intereses, las circunstancias y las experiencias vitales, que en su caso transitan con naturalidad entre el paisaje, el espacio doméstico, el cuerpo o la memoria. La producción de Xare Álvarez se puede sintetizar en lo formal en dos certezas desde las que comprender el fértil repertorio de sugerencias que las generan: la textura y el movimiento se perciben de inmediato, y emanan del concepto de lo orgánico que subyace en su obra actual. Su trabajo ha evolucionado del elemento inerte hacia el vital, aunque, a pesar del tránsito, persisten determinadas constantes. Así, por una parte, la búsqueda de lo táctil es medular en su práctica, incluso desde sus inicios atentos a lo matérico en la pintura y, por supuesto, de su posterior ejercicio de registro, que alumbró conjuntos como 15/32 (2016) y Un Fold (2018). Precisamente, en ellos, a partir del énfasis en las texturas se sugerían otros muchos significados que, en cierto modo, emparentan con el concepto de ruina presente en algunas de las piezas de Pliegue, como aquellas en las que la mordiente del ácido corroe la superficie de aluminio de forma desigual y aleatoria, para revelar estratos íntimos y evocar una piel raída, envejecida. La reflexión sobre el transcurso del tiempo —y el deterioro implícito en él, por tanto—, permanece inalterable en su trabajo, aunque al estar asociada ahora a la vitalidad de las formas plegadas le aporte otra de las habituales contradicciones que potencian sus significados. A su vez, los hallazgos accidentales derivados del proceso contribuyen a otras percepciones, como cuando los restos de la cerámica refractaria sobre la accidentada superficie del aluminio aparecen como una nueva epidermis. Piel reparadora sobre piel ajada. Como frutales encalados en primavera. Por otra parte, las formas llegan como resultado de una idea, pero también de la manipulación a la que somete a la materia. Durante el proceso de elaboración de sus esculturas, Xare trabaja con tejidos y cordeles para tratar de amansar su naturaleza en una dirección o rendirse a su obstinación, acatando o celebrando la contribución a su propia construcción. Por lo tanto, plegados, curvados, roturas, son fundamentales —aunque no lo único— en la conformación de un gesto escultórico encaminado a engendrar diseños sinuosos, ondulados e irregulares, que remiten a lo orgánico. Los juegos de contorsión, contracción y expansión resultantes le sirven para exteriorizar algunas de las dualidades inherentes a su obra, como el exterior/visible contrapuesto al interior/oculto, pero también para destacar una sensualidad formal que, por momentos, roza, incluso, un cierto erotismo. Muchas de las artistas con cuya herencia se identifica atendieron a lo orgánico desde procedimientos y materiales no convencionales, para crear una obra que vive una constante reivindicación. En su momento, desde los márgenes del arte, creadoras como Françoise Grossen, Eva Hesse o Aurelia Muñoz, exploraron las posibilidades expresivas de los tejidos y la cordelería, y hoy, Xare se sirve de ambos para construir sus esculturas, pero trascendiendo su materialidad hacia una configuración perdurable. En esa búsqueda permanente de las oposiciones o contradicciones, altera las propiedades naturales de los materiales —de lo dúctil a lo sólido—, pero haciéndolos todavía reconocibles.
Las   piezas   existen   por   sí   mismas,   respiran   con   autonomía,
pero    gracias    a    los    vínculos    que    surgen    entre    ellas    se acentúa    la    sugestión    de    la    propuesta.    Mediante un elocuente montaje, Xare Álvarez concibe un misterioso ecosistema en el que las obras se interrelacionan a través del movimiento fluctuante que anuncia un organismo vivo. Los trazos de metal colgantes se dibujan en el aire como extremos de un tejido deshilachado. En su construcción se identifican con precisión las cuerdas a partir de las que han sido fundidos en aluminio, en las que l os    nudos    se    persiguen    unos    a    otros,    cayendo    en
espiral.    De    forma    análoga,    los    bastos    tramados    de    los
tejidos   son   el   fundamento   de   las   piezas   que   asisten   desde
los   muros.   La   memoria   térmica   de   sus   fibras   perdura   en
un    metal    que    guarda    los    plegados    encontrados    por    la autora.    Todo    este    juego de curva y contra curva se complementa con la caligrafía blanda y sinuosa que despliega en los textiles y los dibujos, imbuidos de un ritmo de naturaleza acuática que evoca el lento mecer de las algas o, tal vez, un vaivén tentacular. Xare rehúye la evidencia de lo obvio para compartimentar el espacio mediante telas que aporten una dimensión doméstica y obliguen al espectador a descubrirlo. En la intimidad de este ambiente, de un cromatismo reducido, teje una red de interacciones que es imprescindible detectar y experimentar. EUS | HELEZINA EHUNTZEA. Mikel Lertxundi Galiana MAKURTU erakusketaren katalogoa,San Telmo Museoa Hamarkada dezente pasatu dira eskulturak aldareari uko egin eta objektu beregain bilakatu zenetik, espazioarekiko harremanean erabateko askatasunez agertzeko. Aspaldi alboratu zuen bere asmo narratiboa ere, alderdi mental edo sentsorialak azaleratuko zituzten beste mundu batzuk ezagutarazteko. Autonomia bikoitz horretaz baliatuz, Xare Álvarez Berakoetxeak zorutik, hormatik eta sabaitik agerrarazten du bere obra —botata, bermatuta, herrestan, zintzilik—, eta, hizkuntza abstraktu baten bidez, organikotasunari buruzko kontzeptuen unibertso bat zabaltzen du. Artistaren beraren lan-metodologiak ere prozesuaren organikotasuna biltzen du, zeinean, geruzen moduan, elkarren jarraian ageri baitira materialen elkartzea, eraldatzea eta osoko irakurketa baterako azken proposamena. Esperimentazioa erabakigarria da fase guztietan, baina bereziki hasierakoetan, horietan beharrezkoa baita ikerketa sakon bat egitea erabakitzeko zein osagai egokituko diren ondoen artistaren asmoetara eta nola moldatuko diren beren eraldatze-ahalmenaren arabera. Bere jardunbidean, Xare Álvarezek materiaren propietateen espektro zabal bat esploratu izan du beti, manufakturari dagokionez artisau-eredutik eredu industrialera doana eta sendotasunari dagokionez malgutasunetik zurruntasunera: paperak, ehunak, sokak, egurra, igeltsua, hormigoia, aluminioa, brontzea. Halere, sarri asko, helburuak ez ditu aldez aurretik definitzen, eta osagaien eboluzioa ausazko elkarketa baten ondorioa da. Kontrolak eta zoriak antzeko zereginak betetzen dituzte sorkuntzan, eta, haien bat egitetik, deskubritu beharreko prozedura eta esanahi berriak eratortzen dira. Eta orduantxe gerta daiteke aurkitutakoaren eta artistaren berezkotasun pertsonalaren arteko konexioa: sena jokoan dagoela, bide ematen zaionean formaren eta interesen arteko loturari, inguruabarren eta bizi-esperientzien artekoari, zeinak, kasu honetan, naturaltasunez paseatzen baitira paisaiaren, etxeko espazioaren, gorputzaren edota oroimenaren artean. Xare Álvarezen ekoizpena, formari dagokionez, bi ziurtasunetan laburbil daiteke, zeinetatik posible baita horiek sorrarazten dituzten iradokizunen errepertorio emankorra ulertzea: testura eta mugimendua berehala hautematen dira, eta artistaren egungo obraren azpian dagoen organikotasunaren kontzeptutik eratortzen dira. Haren lanak bilakaera bat izan du osagai bizigabeetatik bizidunetara, nahiz eta, aldaketak gorabehera, zeinbat konstantek berdin iraun duten. Hala, alde batetik, ukimenaren bilaketa funtsezkoa da artistaren praktikan, baita haren hastapenetan ere, zeinetan arreta handia eskaintzen baitzitzaion pinturaren materikotasunari, eta baita, noski, ondorengo erregistro-ariketan ere, zeinak 15/32 (2016) eta Un Fold (2018) multzo artistikoak utzi baitzituen. Hain zuzen ere, obra haietan, testurei emandako garrantzi hartatik abiatuta, beste esanahi ugari iradokitzen ziren, eta esanahi haiek, neurri batean, ahaidetuta daude Makurtu multzoko lan batzuetan ageri den hondatzearen kontzeptuarekin; esate baterako, badira obra batzuk zeinetan azidoaren finkatzaileak modu desberdin eta ausazkoan jaten baitu aluminioaren azalera, estratu intimoak erakusteko eta azal higatu eta zaharkitu bat iradokitzeko. Denboraren joatearen inguruko hausnarketa —eta, ondorioz, haren barruko hondatze inplizituarena—, ez da aldatzen haren lanean, nahiz eta, orain forma tolestuen bizitasunari lotuta dagoenez, esanahiak indartzen dituzten ohizko kontraesan horietako bat eransten duen. Era berean, prozesutik eratorritako ustekabeko aurkikuntzek beste pertzepzio batzuk eragiten dituzte; adibidez, zeramika erregogorraren hondakinak aluminioaren azalera gorabeheratsuaren gainean epidermis berri bat bezala agertzen direnean. Azal suspertzailea azal higatuaren gainean. Udaberrian kareztatutako fruta-arbolak bezala. Bestalde, formak ideia baten emaitza moduan iristen dira, baina baita materiari jasanarazten zaion manipulazioaren ondorio moduan ere. Bere eskulturen lanketa-prozesuan, Xare Álvarezek ehunekin eta kordelekin egiten du lan, haien natura norabide batean menderatzen saiatzeko edota haien egoskorkeriaren aurrean amore emateko, eraikuntzari egiten dioten ekarpena onartuz edo handietsiz. Ondorioz, forma tolestuak, makurtuak, hautsiak, funtsezkoak dira —baina ez bakarrak— organikotasuna iradokitzen duten diseinu okertu, izurtu eta irregularrak sorraraztera bideratutako keinu eskultoriko baten eraketan. Lanketa horren ondoriozko bihurrikatze-, uzkurtze- eta hedatze-jokoek beraren obrari datxezkion dualtasunetako batzuk kanporatzeko balio diote, esaterako kanpokoaren/ikusgaiaren eta barrukoaren/ezkutuaren artekoa, baina baita halako sentsualitate formal bat azpimarratzeko ere, zeinak, zenbaitetan, erotismo-puntu bat ere izaten baitu. Xare Álvarezek eredutzat izan dituen artista askok prozedura eta material ez-konbentzionaletatik heldu zioten organikotasunari, etengabeko erreibindikazio bat bizi duen obra bat sortzeko. Beren garaian, artearen bazterretatik, Françoise Grossen, Eva Hesse, Aurelia Muñoz eta beste zenbait sortzailek ehunen eta kordelen adierazpen-aukerak esploratu zituzten, eta, gaur, Xare Álvarez bi material horiez baliatzen da bere eskulturak eraikitzeko, baina haien materialtasuna gaindituz konfigurazio iraunkor baterantz. Aurkakotasunen edo kontraesanen bilaketa etengabe horretan, aldatu egiten ditu materialen propietate naturalak —harikortasunetik sendotasunera—, baina oraindik ezaguterraz utziz. Artelanak beren kabuz existitzen dira, autonomiaz arnasten dute, baina, haien artean sortzen diren loturei esker, areagotu egiten da proposamenaren ahalmen iradokitzailea. Muntaketa adierazgarri baten bitartez, Xare Álvarezek ekosistema misteriotsu bat eratzen du, zeinean obrak elkarrekin erlazionatzen baitira organismo bizi batek iragartzen duen mugimendu gorabeheratsuaren bidez. Zintzilik jarritako metalezko trazuak oihal zirtzildu baten litsak balira bezala marrazten dira airean. Haien eraikuntzan argi ikus daitezke aluminio urtuaren azpian ezkutatzen diren sokak, zeinetan korapiloak bata bestearen atzetik erortzen baitira kiribilean. Antzeko moduan, ehunen bilbe zakarrak dira hormetatik irteten diren piezen funtsa. Haien zuntzen memoria termikoak bizirik dirau autoreak aurkitutako tolesdurak mantentzen dituen metal batean. Kurbaz eta kontra-kurbaz osatutako joko hau guztia osatzeko, artistak kaligrafia bigun eta bihurgunetsu bat barreiatzen du oihaletan eta marrazkietan, non uretako naturaren erritmo moduko bat nabari baita, algen kulunka geldoa edota, beharbada, garro batzuen harat-honata gogorarazten duena. Xare Álvarezek ihes egiten dio agerikoa denaren begibistakotasunari, eta inguruari etxeko dimentsio bat eransten dioten oihalen bidez banatzen du espazioa, ikuslea espazio hori deskubritzera behartuz. Kromatismo murriztuko giro honen intimitatean, detektatu eta esperimentatu beharreko elkarreragin-sare bat ehuntzen du.